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Mi primer contacto con un seguro de salud privado fue hace ya más de diez años, cuando, tras media vida corriendo, decidí federarme y conocer el mundo de la competición. Desde entonces, miles de kilómetros en mis piernas, cientos de carreras y alguna que otra medalla, se podría decir que mi experiencia es amplia.

El seguro de salud que me proporcionaba mi equipo fue fundamental todos estos años. Ya que las lesiones me acompañaron en el camino, pero no el desaliento o la desesperanza. Este positivismo fue gracias a la gran asistencia que recibí por parte de este equipo sanitario. Para mí, este apoyo y constancia suponen las principales ventajas de un seguro de salud.

Ahora, alejado del mundo de la competición y ligado al deporte por ocio, hay cosas que mantengo. La primera, mi pasión por la carrera, la adrenalina. Dos, todas las personas que me acompañaron. Y, por último, la seguridad de estar cubierto en salud, literalmente. Y es que, a pesar de dejar de ser federado, no deje de estar asegurado

de forma privada.

Conocer el mundo de los seguros médicos privados supuso un antes y un después en la concepción de mi salud.

Y es que, la gran experiencia de seguro de salud que tuve durante tantos años dejó una huella en mi imborrable, que resurgió ante la primera necesidad no cubierta. Me di cuenta de que para ser atendido por un especialista tenía que esperar hasta un mes; para luego tener que volver a esperar meses para hacerme las pruebas? Para mí, mi salud es algo primordial, si tengo una urgencia quiero una atención rápida y personalizada.

Este fue mi porqué tener seguro de salud. Por ello, busqué y comparé seguros de salud privados. Encontré precios muy asequibles desde 32€ al mes, con compañías de renombre como Sanitas, Adeslas o Aegon, y me decanté por una. Hasta hoy, un feliz y sano hoy.

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